Este es el primer artículo de este sitio web. Y no podía dedicarlo a otra persona que no fuera quien fue mi profesor, mentor, colega y amigo: Sergio Amín Cárcamo.
Sergio falleció de manera sorpresiva la noche del 30 de junio del 2025, hace muy poquito. Su partida dejó un vacío inmenso, no solo en mí, sino en toda la comunidad universitaria. En lo personal pude compartir muchísimo con él, sobre todo el primer semestre de 2025: trabajábamos juntos de lunes a viernes. Él como docente, yo como su ayudante.
Tuve el privilegio de conocerlo en la Facultad de Comunicaciones de la Universidad del Desarrollo. Corría el año 2022.
Yo era estudiante de Periodismo y, por motivos profesionales, tuve que resolver un problema técnico para el medio en el que trabajaba (y en el que aún trabajo): La Fontana. Había escuchado muy buenos comentarios de un profesor llamado Sergio Amín, así que me atreví a abordarlo al final de una clase. Le pedí ayuda.
Sin dudarlo, accedió. Le mostré el problema en el computador —era algo relacionado con WordPress— y en cinco minutos ya lo había resuelto. Yo llevaba tres semanas intentando solucionarlo por mi cuenta. Recuerdo que le dije: “¡Profesor, muchas gracias! ¿Puedo darle un abrazo?”. Nos abrazamos, nos reímos. Y así empezó todo.
Desde entonces comenzamos a conversar, dentro y fuera de clase y en cada pasillo en el que nos encontrábamos. Descubrimos que compartíamos intereses: la tecnología, una misma visión del periodismo, una manera común de ver el vínculo entre profesión y herramientas digitales. Aquello derivó en un intercambio constante, una confianza y una colaboración profesional.
Con el pasar de los años, Sergio me fue ofreciendo algunas de las ayudantías que tenía en sus ramos. En promedio, cada semestre él tenía entre seis y nueve asignaturas, porque era realmente un académico interdisciplinar.
Aunque era periodista de formación, hacía clases en arquitectura, ingeniería comercial, ingeniería civil industrial, informática. Participaba activamente en programas como Destrezas de Comunicación y Pensamiento (DCP) y en la Dirección de Formación Extradisciplinar, que permite dictar cursos abiertos a estudiantes de cualquier carrera.
Gracias a él, pude conocer otras disciplinas, incluso antes de egresar. Cuando le comenté mi interés por dedicarme a la docencia, me apoyó de inmediato. Me incentivó a tomar el diplomado en docencia universitaria, me compartió sus propias experiencias como ayudante en sus inicios: “Va a ser lo mismo contigo”. Así fue.
Este año 2025 fue especialmente significativo. Compartíamos a diario. Si no coincidíamos en los almuerzos, igual nos acompañábamos. Conversábamos siempre, ya fuera en persona, por mensaje o llamada.
Él me compartía hallazgos, yo intentaba hacerle el peso con otros. Ninguna herramienta de inteligencia artificial se le escapaba. Era un verdadero experto. Fue director del diplomado en IA, y yo fui su ayudante gracias a su invitación.
Sergio fue un pilar fundamental en mi formación, tanto en pregrado como hasta ahora, ya egresado. Me daba espacio para sugerir, modificar, preparar material pedagógico. Incluso reemplazarlo cuando era necesario. La confianza era total, y afortunadamente siempre se lo dije. Valoré cada conversación. El intercambio era un aprendizaje constante.
Su pérdida es irreparable. No solo para mí, sino para toda la Facultad de Comunicaciones de la UDD. Sergio dejó un vacío imposible de llenar. Hoy, varias personas intentamos ocupar el espacio que él dejó, pero él era uno solo.
Una persona versátil, generosa, profundamente humana. Siempre disponible, siempre dispuesto a ayudar, siempre con tiempo para responder una duda, para saludar, para conversar. Pero también, con un sentido crítico agudo, que solo compartía cuando se lo pedían.
Su velatorio, su funeral y un homenaje que organizó la UDD a la semana siguiente fueron muy concurridos. Porque Sergio dejó huella.
Este artículo, que se queda realmente corto, es un pequeño homenaje a Sergio Amín y su legado. Sin Sergio Amín en la ecuación, hoy no sería lo que soy.
Agradezco a Dios haberlo conocido. Agradezco cada oportunidad, cada confianza, cada herramienta que me brindó. No tenía por qué hacerlo, pero lo hizo. Me sumó a su equipo, me ofreció ayudantías, me regaló su confianza. Y eso habla de su afecto, de su bondad, de un corazón infinito.
La creación de este sitio web nació en nuestras conversaciones. Hoy, semanas después de su partida, siento que ejecutar este proyecto es también un acto de memoria.
Profesor, amigo, gracias por todo.
Gracias por estar, gracias por creer, gracias por confiar. Siempre.